Este espacio nace con la idea de ser un lugar seguro, un
refugio donde podamos ponerle nombre a eso que
duele, donde podamos compartir esas cosas que a veces
nos guardamos por miedo o por no saber cómo decirlas.
Y, sobre todo, para darnos cuenta de que no estamos
solos en este viaje.
Como bien decía la maravillosa tanatóloga Elisabeth
Kübler-Ross: “No se puede curar lo que no se siente”.
(Una idea que profundiza con David Kessler en su libro
«Sobre el duelo y el dolor»).
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